El Artista, una carta de amor

Sí, leyeron bien: una carta de amor. El director del Festival de Cannes  Thierry Frémaux expresó que el film “Medianoche en París” era una carta de amor de Woody Allen a Paris. Bueno, en esa misma onda, El Artista ciertamente es una carta de amor, pero esta es del director, Michel Hazanavicius, al cine mudo que ya en este siglo pasó a la historia. Es una remembranza de que aún las cosas viejas pueden ser nuevas y clásicas de nuevo. Una maravillosa película en general.

Yo, personalmemnte, jamás había visto una película de cine mudo. Estoy demasiado acostumbrada a las voces (el tono, el volumen, la forma de decir las palabras) diciendo todo lo que el personaje quiere transmitir. Pero me llevé una hermosa sorpresa al ver este largometraje. Siempre me ha gustado la música en las películas, y Hazanavicius ha sabido insertar la música perfecta donde corresponde.

Sin embargo, más importante que la música en este film, creo yo, es la implementación del silencio. Un silencio puede estar cargado de mil palabras y es fascinante cómo llevan eso a cabo en El Artista. Hay una escena, donde el personaje principal, George Valentin, está soñando. Y todo hace sonidos, menos él. El no habla. Eso me transmitió una especie de frustración y emoción que me hizo adentrarme realmente en la historia. Al mismo tiempo, quería que no me arruinaran la magia, que nadie hablara. Seguir viendo las expresiones, música, silencios y gestos contarme lo que yo necesitaba saber. Lo lograron.

Ya solo me queda una palabra por decir en cuanto a esta película, ya que creo que mis pensamientos están bastante claros y se resumen en esta palabra:

Bravo.

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